jueves, 6 de agosto de 2015

SE VENDE LA LUNA

Hace días escuché la historia del hombre que está vendiendo la Luna… Sí, la Luna, el único satélite natural del planeta Tierra, causante de las olas del mar, y donde mi madre dice que vive la niña a la que mandaron a recoger leña por portarse mal.
Según reportan Business Insider y Rachel Hardwick de vice.com, el señor Dennis Hope ha hecho millones de dólares vendiendo acres de inmuebles en la Luna (cada acre es igual a 247 kilómetros). Al día de hoy ha vendido más de 611 millones de acres por alrededor de US$36.00 cada uno, a 3.7 millones de dueños, con aproximadamente 200 órdenes diarias. Dice el señor Hope que hasta los ex presidentes norteamericanos Reagan y Carter, así como las cadenas hoteleras Hilton y Marriott han comprado alguna propiedad. Se supone que una vez vendió un pedazo del tamaño de un país por US$250,000.00 y que le ofrecieron comprarle lo que correspondería al Polo Norte por US$50 millones de dólares, pero él lo rechazó.
Para justificar su “derecho de propiedad”, el señor Hope alega que el Tratado sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes” (en vigor desde el 10 de octubre de 1967) prohíbe a los países apropiarse de la Luna, pero que esto no incluye a los individuos, por lo que según él, hay un vacío legal que permite que una persona válidamente puede adueñarse de la Luna y otros objetos espaciales, y “eso fue lo que hizo”.
Para esto, en el 1980 el señor Hope envió una carta al Presidente de los Estados Unidos y al Secretario General de las Naciones Unidas declarándose dueño de la Luna (que nunca fue respondida) y cuando China anunció planes para construir en ella, le envió una carta a su Gobierno advirtiéndole que no podía hacerlo porque era propiedad privada. Pero su ambición no ha parado ahí, porque ¡también se declaró propietario de todos los planetas!
¿Quieren más? Creó una Embajada Lunar, una nación democrática republicana llamada Galactic Government, tiene una Constitución, una bandera, dice que quiere unirse al Fondo Monetario Internacional y creó una moneda, que alega que está soportada por la reserva millonaria de helio-3 de la superficie lunar. ¡Cosas veredes!
¿Qué fundamento tienen sus argumentos? Veamos:
Para el año en que Hope se declaró propietario de la Luna, ya existía el dichoso Tratado de 1967, en cuyo artículo II se establece que “el espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes, no podrá ser objeto de apropiación nacional por reivindicación de soberanía, uso u ocupación, ni de ninguna otra manera”.
El 11 de julio de 1984 entró en vigor el “Acuerdo que debe regir las actividades de los Estados en la Luna y otros cuerpos celestes” (aprobada el 5 de diciembre de 1979), en cuyo artículo 11 se dispone que la Luna y sus recursos naturales son patrimonio común de la humanidad y que ni su superficie ni sub-superficie, ni ninguna de sus partes o recursos naturales podrán ser propiedad de ningún Estado, organización internacional intergubernamental o no gubernamental, organización nacional o entidad no gubernamental ni de ninguna persona física.
Alegar que en su momento la prohibición de adueñarse de la Luna solo pesaba contra los Estados y no un individuo y hacer un negocio de eso me parece un hecho ilícito de una persona sin escrúpulos. “Dennis Hope, I don’t like you!”
No solo ya se lo prohíbe el Acuerdo de 1984, sino que antes de este no se necesitaba una declaración formal de que una persona no podía adueñarse de la Luna, porque esta es lo que en nuestro Derecho se conoce como una “cosa que no pertenece a nadie, y cuyo uso es común de todos” (artículo 714, Código Civil napoleónico, en lo adelante C.Civ.).
Además, es una falacia ampararse en la regla de que lo que no está prohibido está permitido, pues en este caso la discusión es sobre la adquisición de un derecho. Al menos bajo el sistema de Derecho romano –germánico (como el nuestro), la propiedad solo puede adquirirse cuando se han cumplido una serie de condiciones (artículo 712 C.Civ.), entre ellas que la persona esté en posesión del bien (artículo 2229 C.Civ.), lo que no ha ocurrido, pues el señor Hope nunca ha ido a la Luna. Igualmente habría podido adquirirlo si le es transferido por alguien que ya se considera propietario, sea por contrato a título oneroso (como una compraventa) o a título gratuito (como una donación), pero en este caso no existe nadie que pueda tener calidad para haberle transferido la Luna (artículo 711 CCiv.).
Finalmente, si habría sido posible adueñarse de la Luna, entonces su derecho le correspondería a todo aquel que mucho antes que Denis Hope declaró ser su propietario prometiéndola a sus diferentes parejas en los más diversos poemas de amor.
Muchas personas que han comprado terrenos alegan que lo hacen por diversión y “por si acaso” en el futuro le reconocen algún derecho a este señor. Siendo así, yo, “por si acaso” en lo adelante y teniéndolos como testigos a todos ustedes, me declaro PROPIETARIA UNIVERSAL de todas las NUBES DEL MUNDO Y EL MÁS ALLÁ. Ustedes pueden estar tranquilos, ya que por ahora he decidido no cobrarles por el uso que les dan para taparse del sol y almacenar el agua de lluvia… considérenlo como un regalo de mi parte. Pero en cuanto a las Aerolíneas, que no crean que saldrán invictas, a ellas sí que les estaré enviando una factura por cada vez que las atraviesan. Si a Denis Hope no lo persiguen por estafa, ¿por qué habrían de perseguirme a mí?
¿Alguien quiere comprarme un pedazo de nube?

jueves, 19 de marzo de 2015

Soy una abogada feliz

Muchas personas me han preguntado por qué decidí estudiar Derecho y si al día de hoy estoy contenta con la elección que hice y por qué.

La respuesta a la primera pregunta realmente no la tengo clara, pues la realidad es que toda mi vida soñé con ser Profesora, de esas de la corriente tradicional, que enseñan a leer, que ponen actividades de dictado, que hacen correcciones y dan muchos exámenes. Para colmo, en el test de aptitudes que tomé antes de entrar a la Universidad la carrera que me resultó recomendada fue Bioanálisis (un error de quien corrigió el test, sin duda alguna). El caso es que al final me decidí por Derecho y fue una mezcla entre que la carrera de Educación no estaba tan valorada en ese momento, que me gustaban las áreas sociales y que sobre todo me gustaba discutir (*).

En cuanto a si estoy contenta con la elección que hice no tengo dudas de que es así porque realmente disfruto lo que hago, y aunque aquellos que se dedican a ramas del Arte se imaginan que todos los abogados somos unos aburridos de saco y corbata, que pensamos de manera muy restringida y que solo estamos para molestar, la realidad es que nuestro trabajo es muy divertido porque es una mezcla entre ser actor, detective y escritor de novelas, además de que la gente te toma en serio (“mejor de ahí se daña”).

Pero la verdad es que la justificación para la primera pregunta es muy larga y poco clara, y de la segunda no todo el mundo puede entenderla si se lo explico de esa manera, así que el otro día venía pensando en una respuesta más adecuada para dar y que sea verdadera.

¿Por qué me siento contenta con haber elegido ser abogada? Pensé en muchas respuestas diferentes, unas más ciertas que otras, pero ninguna que me satisficiera completamente. Entonces el otro día venía manejando desde el Tribunal de Trabajo y mientras el semáforo estaba en verde para mí, a un señor le dio la gana de cruzar la calle, pero cuando amablemente le señalé el semáforo y le indiqué que no podía cruzar de esa manera, me respondió literalmente “Cállese @$#%^” y siguió.

Wow, ahí estaba mi respuesta… luego de haber transcurrido el minuto correspondiente para que se me pasara la molestia e impotencia, caí en cuenta en ese momento que hoy me siento contenta de haber elegido ser abogada porque gracias a ello tengo el conocimiento suficiente para saber que si atropellaba al peatón entonces podía ir a la cárcel, y peor, si lo perseguía para chocarlo por haber sido tan prepotente e irrespestuoso, entonces podía enfrentar hasta 30 años de prisión. ¡Uff, por suerte que conozco las leyes y ni se me ocurriría hacer algo así, pensé!

Muchos de ustedes pensarán que es extremista pasarse cuatro años estudiando, simplemente para evitar caer preso porque las malas conductas y el descaro del prójimo te molesten, pero cuando ando manejando por las calles de Santo Domingo, ese es un consuelo suficiente … pruébenlo y verán.


Nota (*): Les recomiendo seriamente, nunca piensen que serán buenos abogados porque les gusta discutir, así que jamás, ¡jamás!, caigan en la trampa de estudiar Derecho si ese es su único motivo.


lunes, 9 de febrero de 2015

¡Que extraño mundo es este!


Esa noche en mi habitación rentada, mientras dejaba que el agua caliente corriera sobre la lata de frijoles y cerdo que tenía en el fregadero, abrí el libro de Mencken titulado “Un libro de prejuicios” y comencé a leer. Estaba impactado y sorprendido por el estilo, esas oraciones generales, claras, limpias. ¿Por qué ese hombre escribía así? ¿Cómo uno podía escribir de esa manera? Me imaginé a ese hombre como un demonio furioso, atacando con su lápiz, consumido por el odio, denunciando todo lo Americano, ensalzando todo lo Europeo, riéndose de las debilidades de las personas, burlándose de Dios y las autoridades.

¿Qué era esto? Me levanté, tratando de adivinar la realidad que se escondía detrás del significado de sus palabras. Sí, este hombre estaba luchando, luchando con palabras. Él estaba utilizando las palabras como armas, usándolas como uno utilizaría un Club. ¿Podían las palabras ser armas?, -me pregunté-, Bueno, pues sí, al parecer sí. ¿Entonces, tal vez, quizás, alguien como yo podía utilizarlas como armas? No. Me estremecí. Continué leyendo y lo que me impresionó no era lo que decía, sino cómo era posible que alguien en este mundo tuviera el valor para decir algo así.

¿Qué mundo tan extraño es este? Terminé el libro con la convicción de que de alguna manera había descubierto algo terriblemente importante en mi vida. Una vez intenté escribir, una vez revelé mis sentimientos, dejé que mi cruda imaginación volara, pero el impulso de soñar fue lentamente derrotado por la experiencia de mi vida. Ahora había surgido de nuevo y estaba hambriento de libros, de nuevas formas de ver y pensar. No era una cuestión de creer o no creer en lo que leía, sino de sentir algo nuevo, de ser afectado por algo que hiciera el aspecto del mundo diferente.”  (Extracto del libro Chico Negro de Richard Wright, 1937. Traducción libre)

miércoles, 12 de noviembre de 2014

¡POR ESTE FINAL YO NO PAGO!

Luego de varias semanas bloqueada, tuve una pesadilla que fue la inspiración que tanto necesitaba para escribir. Soñé que era estudiante de nuevo y que trataba de llegar a clases en mi antigua Universidad, pero en el camino se me presentaban muchísimos obstáculos sin nadie que me ayudara o defendiera: corría, monteaba, subía árboles, huía de gente que me perseguía, bajaba escaleras, me tiraba de un piso a otro,… toda una Jane Bond.

Creo que esto tuvo que ver con haberme dormido pensando en la triste noticia sobre el supuesto asesinato de 43 estudiantes mexicanos de manos de un cartel, y aunque las últimas investigaciones señalan que los cadáveres encontrados no pertenecen a esos estudiantes, ¡como sea hay 43 muertos!

Inés Aizpun describe lo preocupante que esto es en el editorial del periódico Diario Libre titulado “Horror”, donde dice: “el relato de lo sucedido que hace el Procurador General de México va llevando poco a poco hacia una verdad terrible. El Estado llega a perder el control de un territorio, de las instituciones y deja a la sociedad en manos de bandas armadas con autoridad “legal””. (11 de noviembre de 2014, p. 2)

Es doloroso ver que se haya llegado a ese punto en un país tan grande, con tanta población, tanta historia, tanta riqueza cultural, tanta posibilidad de influencia a nivel mundial (por Dios, es el país latinoamericano con más famosos que hay), y sí, lo reconozco, el país de mis novelas y artistas preferidos.

Al despertar recordé algo que leí hace un tiempo en el que se decía que el problema de un país no son sus políticos, funcionarios o representantes… el problema es uno mismo, que no hace nada para que cambie, ni siquiera exige ni reclama, por eso al final del día cada quien tiene el país que se merece.

Ahí caí en cuenta de que a pesar de lo grave de la noticia y siendo una nación con todas las cualidades anteriores, la crisis que ha provocado este violento crimen solo ha hecho cosquillas a nivel mundial en comparación con otros temas. ¿Cómo no ha habido un escándalo mayor?, ¿dónde están las primeras planas?, ¿cómo es posible que se haya hablado más del matrimonio de Thalía o el divorcio de Paulina? En otros casos menos preocupantes se ha sentido el efecto viral de las redes sociales, han habido declaraciones de grandes potencias, sanciones de la ONU…

En medio de tantas preguntas solo pensé en la República Dominicana, donde apenas somos un país de unos 9 millones de habitantes, con menor posibilidad de ser escuchados y donde las novelas en las que se presenta al narcotraficante como el protagonista-héroe han pegado bastante. Me niego a creer que algo así pueda pasar aquí. ¡Esta no es la película que quiero ir a ver, sería un “clavo”! ¡Deseo un final feliz!

¿Quieren saber cómo terminó mi pesadilla? No pude llegar a la Universidad porque en medio de los brincos que andaba dando uno de los malos finalmente me atrapó, afortunadamente en el forcejeo me desperté… con eso se hizo obvio que lo que necesitamos para evitar este mal, es simplemente despertar.