martes 23 de noviembre de 2010

OTRA HISTORIA MÁS...



En días pasados estaba esperando que me entregaran mi pasaporte en la Dirección General de Pasaportes de Santiago. Me habían dicho que pasara a retirarlo antes de las 2 de la tarde y así lo hice.

Para mi sorpresa y la de aproximadamente 40 personas más a las que les habían dicho lo mismo, eran ya las 3 y 30 de la tarde y mientras estábamos todos en espera, el único movimiento que se veía era el personal atrás riéndose de sus cuentos.

Mientras mi padre me esperaba en el parqueo todo ese tiempo, lo único que podía hacer era jugar sudoku en el celular y desesperarme por dentro yo sola, pues aunque admito que soy una de las dominicanas a las que les gusta entablar conversación con los desconocidos en situaciones como esa, el que estaba a mi lado no tenía las mismas intenciones.

Cuando ya no aguantaba más, fui donde el primero que vi en recepción a desahogarme y reclamarle que no era justo que nos dijeran que estuviéramos antes de una hora, sólo para hacernos esperar sin justificación, como si nadie tuviera más nada que hacer, y para colmo, con la amenaza de un militanimal de que el que saliera de la sala no podía volver a entrar.

Me acordé de uno de mis amigos abogados al que constantemente le pasan cosas increíbles en los tribunales, con los fiscales, con secretarias, con las instituciones públicas…, en que se evidencia cierta negligencia y desinterés a la hora de estos hacer su trabajo. Siempre le aconsejo que no se desespere, que las cosas se resuelven mejor con una sonrisa, pero qué difícil es mantener la calma cuando uno trata de cumplir con lo que se le pide y el otro se limita a ejecutar su trabajo como un clon de Homero Simpson.

Ante mi reclamo, el militanimal me preguntó que si yo me creía abogada (jeje), y mi padre, que entró mientras yo estaba hablando, le respondió algo que a muchos se les olvida, “Excúseme, pero no hay que ser abogado para defender sus derechos. Ella, al igual que los demás, es una ciudadana que está pagando por un servicio y no hay nada malo en reclamar cuando ustedes actúan mal” (suena como de discurso, pero así habla él). Minutos más tarde, alguien se dignó a hablar por el altavoz para pedir excusas por la demora y explicar que habían tenido un inconveniente en el sistema.

En fin, cuando me fui con mi pasaporte en mano, me quedé mirando todos los demás que estaban ahí, mansos y conformistas. Y sí, mantengo el consejo que le doy a mi amigo de mantener la calma y la amabilidad para resolver las cosas. Pero al mismo tiempo me di cuenta de que una actitud pasiva no es la solución.

Ya lo había dicho en una ocasión anterior cuando conté lo que me pasó con el servicio de internet de Tricom. Pero es que todavía me incomoda la forma en que los dominicanos nos hemos adaptado al desorden y la irresponsabilidad de los prestadores de servicios, sean estas instituciones privadas o públicas.

Son tantos malos servicios, tantas violaciones a la ley, denuncias de corrupción, denuncias de infracciones, negligencia, mentiras y desinterés por parte de los funcionarios, pero el pueblo no se une a reclamar.

Así que no está de más volver a repetir el mismo mensaje que había dado antes, ahora que tuve que sufrir por otra deficiencia en un servicio. Si no hay unión y valentía para exigir cumplimiento de las obligaciones que tienen los demás, nunca sus faltas van a ser reparadas.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estoy muy de acuerdo con la escritora casi en todas sus partes, si bien es cierto que los servicios tantos profesionales como públicos están muy lejano del significado de la palabra "Servicio" o mejor dicho "Servir", si creo que hemos avanzado bastante, solo por citar ejemplos casi tod@s las instituciones públicas que se dan a respetar se están certificando ISSO, que aunque no genere un impacto inmediato para la calidad de los servidores públicos sobre todo los altos funcionarios, si trae como resultados una palabra que me fascina trazabilidad, que no es mas lo que asegura que cuando se detecta un error podemos encontrar su fuente y a su vez corregir el fallo.

Por ende, repito aunque estemos a años luz de modelos sociales y de buenos servicios tanto públicos como privado si creo que hemos avanzado bastante así que no nos desanimemos y como muy bien dice la autora del articulo 2 con una sonrisa y paciencia podremos salir airoso de cualquier situación incomoda

Natachú Domínguez Alvarado dijo...

Gracias por el comentario. Yo entiendo que el buen servicio y la calidad deben brindarse independientemente de la certificación ISSO, pero si eso es lo que necesitan algunos de los funcionarios para comportarse como buenos servidores de los contribuyentes, pues hay que aceptarlo.

Ah, y en cuanto a la palabra "trazabilidad", mejor sustituirla por otra, porque suena a muy inventada por "técnicos" que quieren aparentar que son sofisticados, modernos?? jeje. Sé que es una palabra usada por la ISO, que tal vez en inglés tenga sentido, pero en espanol seguro debe haber otra más apropiada, además, no es reconocida por la RAE.

De todas maneras, aprecio tu opinión.

Gracias.

Fran dijo...

Querida colega, buenos días.Vivimos en una jungla urbana... de eso no hay dudas. Casos similares al suyo me han sucedido, y lo cierto es que uno solo debe pedir a Dios unas cuantas toneladas de paciencia. He visto tanta barbarie y dejadez en la calle a diario, que a veces me cuestiono ¿Hasta cuando?

Es cierto, la culpa la tenemos nosotros por ser tan permisivos y dejados. Pero, a veces, ni siquiera la unión hace la fuerza. El problema del aparato estatal radica en esa debilidad estructural a lo interno de las instituciones. Su funcionamiento (servicios) trata de cumplir un “estándar” superior al real. Lo cierto es que muchas de nuestras instituciones están por debajo de lo deseado y es debido en parte a la poca organización estructural (área de recursos humanos) frente a la prestación de servicios; y, por otro lado, la falta o limitación de recursos incide directamente en la calidad del servicio prestado.

Pero esta situación es generalizada. La vemos por igual en las calles y en el sector privado. Pero en éste último la situación es mucho menor, toda vez que sus estructuras tiene una mayor rigidez dentro de la estructura funcional. En palabras de un niño: si te portas mal, te dan una buena pela.

Lo triste, sin querer caer en la política, es que el culpable es nuestro Presidente. Un gobierno no es una familia, es un escuadrón que va a servir con su vida por un ideal. Ya debe estarse riendo… pero es cierto. Bueno, el hecho mismo de rotar los mismos funcionarios en diferentes puestos incide directamente en el funcionamiento de las instituciones, y no solo las que prestan servicios. Y yo respeto eso: el poder se usa. Pero, esa monotonía del servidor público lo que da es vergüenza, hemos avanzado; pero, tenemos lo suficiente para avanzar 10 veces más. Conozco a muchos servidores públicos que trabajan por vocación. Pero son solo un 20 o 30 por ciento, los restantes están ahí por necesidad, por un sueldo. Y esto, colega mía es lo que verdaderamente incide en la calidad de un servicio. Más sin embargo, volviendo a su post. Me he dado cuenta de que a muchas instituciones del Estado se les han estado “cayendo” mucho los sistemas. Quizás si en vez de comprar computadoras por comisión (como se ha hecho siempre), se preocuparan por invertir en una infraestructura de hardware lo suficientemente moderna... por lo menos, tuviéramos menos retrasos en muchos servicios.

En fin,una sonrisa siempre alegra el día, pero hay que ganársela. Por cierto, perdón por escribir tanto, es un mal de abogados.