Libertad, igualdad, fraternidad…. Es el lema oficial de la República Francesa desde el año 1884.
En publicaciones anteriores me referí a la libertad y la igualdad, dos derechos por los que se ha derramado mucha sangre, pero que en la sociedad actual, nos han causado suficientes problemas por el cierto grado de egoísmo que existe detrás de ambos.
Confieso que fraternidad, por su parte, es una palabra que me encanta, que viene del latín frater, que significa hermano y quiere decir unión o buena correspondencia entre hermanos o entre los que se tratan como tales.
En publicaciones anteriores me referí a la libertad y la igualdad, dos derechos por los que se ha derramado mucha sangre, pero que en la sociedad actual, nos han causado suficientes problemas por el cierto grado de egoísmo que existe detrás de ambos.
Confieso que fraternidad, por su parte, es una palabra que me encanta, que viene del latín frater, que significa hermano y quiere decir unión o buena correspondencia entre hermanos o entre los que se tratan como tales.
Fraternidad, es la aspiración de los socialistas, un valor para los islamitas y un mandamiento para los cristianos. Pero como advertía Jules Michelet, ella nos exige firmeza de costumbres y de carácter y una austeridad pura, de la cual hoy en día se tiene una idea muy vaga.
La vida agitada, los tapones, el precio de la gasolina, el estrés (o hasta el deseo de aparentar que se está estresado u ocupado) hace que muchos se olviden de esa parte del lema francés, porque solo les interesa hacer énfasis en ellos mismos, y si se fijan, de los tres vocablos que lo componen, ese es el único que no es un derecho, sino digamos… un deber social.
Pero precisamente ese “deber social” hace que se respete la libertad y que se garantice la igualdad, así como varios otros derechos. Es la fraternidad la que nos saca nuestro lado más humano. Es la que nos hace participar en Organizaciones no gubernamentales, la que nos motiva a hacer donaciones frente a los desastres naturales, la que nos hace ir a dar pésames a los familiares de quienes fallecen, la que nos hace levantar en la madrugada a auxiliar a un amigo en problemas, la que hace que un vecino se eche cualquier problema nuestro como si fuera suyo.
Es cierto que en la Constitución y en varias de las leyes existen obligaciones que implícitamente buscan un comportamiento fraternal en los individuos. Sin embargo, ninguna de las actuaciones que mencioné anteriormente las hacemos porque estamos obligados legalmente a ellas, (aunque no me sorprendería que a uno de los que quieren llamar la atención pública se le ocurra en algún momento legislar sobre eso). Eso demuestra que no necesitamos del constreñimiento del derecho para actuar con respeto y solidaridad hacia los demás. Lo único que se necesita es educación y conciencia social.
Definitivamente, fraternidad es lo que nos hace falta para poder seguir adelante, para tener una vida más feliz en un mundo cada vez más difícil. ¡Todos para uno y uno para todos!
Imagen de nwf.org
2 comentarios:
Estimada colega, son muy ciertas sus palabras. Yo siempre he creido en tratar a los demás como me gustaría que me trataran a mí... y da resultado: a veces.
Quizás esta vida no se trata de cómo veamos a los demás, sino de cómo nos sentimos frente a ellos. Yo nunca he creido en la igualdad, el ser distintos es lo que nos hace especiales y particulares, aunque sé que te refieres a la igualdad valorativa de cada individuo. Pero ella forma parte del todo.
Creo que ambos conceptos deben ser vistos desde una óptica de perfeccionamiento humano, y no exclusivamente desde el aspecto filosófico de éstos. Creo que cada día debemos esforzarnos por ser mejores personas y ello solo podemos lograrlo si aprendemos a ver a nuestros semejantes como pares (iguales) y si brindamos esa calidez llamada fraternidad.
Un extraño no es un enemigo, es un amigo por conocer. Excelente post.
Distinguida colega, muy ciertas sus palabras. La vida se trata de nuestro perfeccionamiento progresivo, y ello solo se consigue aplicando estos dos conceptos: un trato igualitario con los demás; y, una cálida interrelación con nuestros semejantes, de tal forma que la misma nos permita crecer como persona.
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